Proyectos de infraestructura generan oportunidades y beneficios a las comunidades

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Proyectos de infraestructura generan oportunidades y beneficios a las comunidades

Ecuador es uno de los países líderes en inversión pública, con una Formación Bruta de Capital Fijo (FBK) promedio anual de 24,5% del PIB (período 2007-2013); superior al promedio de América Latina y el Caribe (ALC), que se ubicaron en el 20,1% (en el mismo periodo), según un reporte publicado por el Banco Central de Ecuador, en mayo del 2015.

“Entre el 2007 y 2013 uno de los principales motores de crecimiento de la economía ecuatoriana fue la construcción, con 61% en promedio de inversión en proyectos hidroeléctricos, escuelas, hospitales y carreteras”, indica el banco.

La inversión en infraestructura ha jugado un papel fundamental para la reducción de la pobreza y del desempleo, los cuales bajaron desde el 2007 al 2014 del 36,7% y 8,8% al 24,5% y 5,0% respectivamente. Los proyectos que emplean mano de obra en las zonas de influencia generan beneficios directos e indirectos. La creación de empleo reproduce un vínculo con el crecimiento económico comunitario.

El proyecto Poliducto Pascuales Cuenca, con una longitud total de 215 kilómetros, permitirá transportar gasolina y diésel desde el terminal Pascuales, y gas licuado de petróleo desde el terminal El Chorrillo (las dos ubicadas en Guayaquil) hasta Cuenca. En su recorrido contará con un terminal de almacenamiento y despacho en la localidad de La Troncal; entre Pascuales y La Troncal se instala un ducto de 10 pulgadas de diámetro y, entre La Troncal y Cuenca, se coloca un ducto de ocho pulgadas de diámetro. La construcción del proyecto está siendo ejecutada por Odebrecht, contratada por Petroecuador EP.

En el cantón de La Troncal, zona baja de la provincia de Cañar, este proyecto dejó a una población de 60.000 habitantes (aproximadamente) una huella que marcó un antes y después en sus historias de vida. Anteriormente, el principal ingreso de sus moradores la población provenía de la agricultura, especialmente de la producción de caña de azúcar. Para muchos, éste era un trabajo informal y temporal, muy ajeno a la estabilidad laboral, capacitación y oportunidades de crecimiento. Ahora, estas condiciones son parte de la vida de los trabajadores del Poliducto.

“Antes de que Odebrecht llegue, nunca hubo trabajo formal”. Son las palabras de Alberto Chávez, líder de 40 Cuadras, comunidad del sector. Reconoce que cuando el Poliducto se inició, se presentaron oportunidades de trabajo para cientos de habitantes. Los pobladores encontraron una ocasión de trabajar bajo normativas, con sueldos fijos y seguridad laboral. Alberto asegura que el sentir de la comunidad es gratitud tras el desarrollo del sector y sus habitantes.

Existen otras historias impactantes de obreros que asumieron retos que nunca imaginaron. Yeferson Zambrano, trabajador del área de Producción de Obra Civil comenta que “antes de esta obra no sabía lo que era la seguridad en el trabajo, ni sueldo puntual cada mes. Muchos de los trabajadores jamás se habían realizado exámenes médicos, menos para ingresar a un trabajo”. Esta oportunidad se refleja, día a día, en la calidad de vida que ahora su familia y él tienen. “El aprendizaje y la capacitación han asegurado mi futuro”, afirma.

Odebrecht ha impartido alrededor de 800.000 horas en capacitación a sus trabajadores. Ha preparado a obreros locales en diferentes temáticas que les ayudará a tener una visión global del negocio de la construcción y de todo lo que implica; además de brindar conocimientos para el correcto y mejor desarrollo de funciones, mediante cursos en seguridad, salud, cuidado del ambiente, uso de equipos de protección individual y, otras capacitaciones más específicas, que abarcan temas operativos como trabajos en alturas, riesgos eléctricos, manejo de químicos, seguridad en máquinas, etc.

Las capacitaciones han constituido un tema primordial en el desarrollo de habilidades y crecimiento laboral. Estos aprendizajes les permitirán mantenerse en el mercado laboral cuando la obra concluya.

Karina Sánchez, oriunda de Cochancay (a 15 minutos de La Troncal), contó que lo más común es buscar un futuro lejos de sus familias y lugar de nacimiento por las pocas oportunidades que brinda la región. “Nunca imaginé que iba a conseguir, en esta zona, un trabajo que desarrolle mi potencial”, dice Karina, quien actualmente se desempeña en el proyecto como técnica administrativa especializada en subcontratos.

En los picos altos de trabajo se involucró a más de 4.800 trabajadores, de los cuales más del 66% pertenecían a Guayas, Azuay y Cañar, áreas de influencia del proyecto, y 43% de otras zonas del país.

Por otro lado, la Central Hidroeléctrica de Manduriacu, con potencia instalada de 65 MW, se integró al Sistema Nacional Interconectado en marzo del 2015. Este proyecto contribuyó para atender la demanda de energía eléctrica del país, La obra, cuya construcción estuvo a cargo de Odebrecht, también comprendió la construcción de un túnel para el desvío del río Guayllabamba y de una presa de hormigón compactado con rodillo y hormigón vibrado de 40 metros de altura sobre el nivel del río. Actualmente, la central es operada por CELEC EP, propietaria del proyecto.

Además de la construcción de la central, se desarrollaron obras de compensación para la comunidad. Se benefició a más de 10.000 habitantes de la región con asfaltado de 33 kilómetros de una vía de dos carriles para acceso a la hidroeléctrica y comunidades cercanas, un dispensario médico, un centro infantil, entre otras mejoras para las comunidades de Cielo Verde, Guayabillas, Santa Rosa de Pacto, Santa Rosa de Manduriacu, en las provincias de Pichincha e Imbabura.

Durante su periodo de construcción, Manduriacu generó empleo directo para más de 2.400 personas, entre ellas más de 800 moradores de las comunidades de la zona de influencia del proyecto. Durante el desarrollo de este proyecto, se capacitó a los funcionarios en normas de seguridad, operación de equipos, riesgos eléctricos, y formación para finalizar la obra con seguridad, además de seguridad vial, cultura local, medio ambiente y salud para los moradores de la zona. Muchos de los pobladores ahora son parte del equipo que controla las operaciones de la hidroeléctrica y laboran en otros proyectos en Ecuador.

Durante la construcción de la Hidroeléctrica Manduriacu también se realizaron gestiones basadas en el Plan Nacional del Buen Vivir del Gobierno Nacional, y que busca mejorar la calidad de vida en la zona e incentivo a las economías locales con la inversión pública, priorizando el uso de mano de obra y comercio local.

En Cielo Verde, zona de influencia del proyecto hidroeléctrico Manduriacu, se desarrolló un plan social comunitario enfocado en el desarrollo integral infantil, con el fin de mejorar la calidad de vida de sus familiares y de la comunidad. En febrero del 2014 se firmó el Convenio de Cooperación Económica para la implementación de servicios de Desarrollo Infantil Integral, entre el Ministerio de Inclusión Económica y Social y el Gobierno Autónomo Descentralizado de la provincia de Imbabura, en donde se incluyó al Centro Infantil Retoñitos como un Centro Infantil del Buen Vivir (CIBV).

El Foro Económico Mundial (WEF) señala que un dólar invertido en obras infraestructura genera entre 5% y 25% de retorno para las economías. Este tipo de construcciones, en sus diferentes ámbitos, es un bien de capital público, ya que cuando es eficiente produce beneficios para el conjunto de sociedades. Un proyecto de infraestructura de alta calidad siempre será la clave en relación a la competitividad que pueda llegar a tener un país. Esto establece el punto de partida para asumir nuevas demandas en agricultura, minería, industria, turismo, comercial y servicios.